acoso

28 de mayo. EL PAÍS ‘Sabía que sufría acoso, lo denuncié pero mi niña está muerta’. Su niña, Arancha,  tenía 16 años  cuando se suicidó. Su caso es uno de los más sangrantes del acoso escolar de los últimos meses. Pero  los titulares no cesan. 10 de junio. ‘Detenidos  tres menores por acoso escolar en un instituto de Pinto’.  13 de junio ‘Detenidos cinco menores por grabar semidesnuda a una compañera’.  Nadie está libre del monstruo del acoso escolar, que aguarda al acecho.  Ni tan siquiera Finlandia, líder en educación, siempre en los primeros puestos del informe PISA, encontraba la manera de acabar con el bullying. Un monstruo que en los noventa les convirtió en uno de los países con mayor tasa de suicidio entre adolescentes.  Pero ellos ya han encontrado su punto débil…

Tras dos violentas matanzas en sus escuelas, KiVa llegó para salvarles. Un programa innovador desarrollado en 2007 por un grupo de 25 expertos de la universidad de Turku,  a petición del entonces ministro de Educación.  La palabra KiVa significa ‘agradable’ o ‘guay’ y es al mismo tiempo el acrónimo de Kiuaamista Vastaan (contra el acoso escolar) . A día de hoy lo ha hecho desaparecer en la mayoría de los centros y cuenta con protocolos eficientes para frenarlo en cuanto al monstruo se le da por enseñar los dientes. Pero, ¿cómo? Su principal novedad es  que trabaja la reacción de la mayoría silenciosa, casi siempre corresponsable de las atrocidades de la historia, por miedo u omisión de socorro. A diferencia de otros mecanismos centrados únicamente en víctima y acosador, pone el foco en los que miran, los que callan, los que ríen ‘la gracia’, y ‘ayudan’ así a que una pequeña semilla se convierta en un problema.

Y lo hace en múltiples frentes: charlas, clases y trabajos a los 7, los 10 y los 13 años, reuniones y charlas con los padres, un equipo KiVa en cada centro (al menos 3 adultos formados específicamente para detectar el acoso y hablar con los participantes y los testigos), materiales de apoyo, videojuegos y entornos virtuales para trabajar la empatía, un buzón virtual para denunciar conductas inapropiadas de forma anónima, e incluso vigilantes de patio con chalecos fluorescentes, un simple cambio en la vestimenta que ha demostrado aumentar la eficacia de su presencia en los recreos.  ¿El resultado? No sólo se ha reducido el acoso, también han aumentado las tasas de bienestar escolar y las notas de los alumnos.

Y con esa información en la mano, otros  muchos países han decidido implementarlo: Francia, Suecia, Estados Unidos, Italia, Bélgica…Pero no España.  Al menos no de forma oficial. Varios centros han mostrado su interés  y una de sus fundadoras, Christina Salmivalli, visitó nuestro país hace unos meses para explicar en la embajada en qué consiste KiVa  y buscar colaboración, ya que el programa requiere la implicación de los gobiernos o que exista una organización central en cada país para la traducción de materiales, la relación con el coordinador, etc. Las escuelas no pueden participar de forma individual sin que haya una colaboración centralizada, por lo que existen varias iniciativas de particulares para pedir al Gobierno que traiga KiVa a España, un país en el que en institutos como el de Arancha, hay una orientadora para más de 1000 alumnos, cuando la UNESCO recomienda al menos uno por cada 250 chavales. Y lo que recomienda la realidad es tomarse el acoso escolar en serio y dejar de verlo como ‘cosas de críos’.

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Laura Prieto Calvo

Laura Prieto Calvo

Periodista especializada en contenidos digitales y redes sociales. Apasionada contadora de historias. Curiosa pixelada, parlanchina 2.0 y buscadora de tesoros transmedia.

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